Artículo: El futuro de las tecnologías educativas

Artículo: El futuro de las tecnologías educativas
En el terreno de la educación ha habido enormes avances con el paso de los años. Aunque algunos modelos permanecen tradicionales —como el sistema escolarizado de clases— hay otras variaciones que pueden ayudar a las nuevas generaciones a rendir y aprender mejor. Aunque de forma lenta, su implementación ya está sucediendo para tender, quizás, los puentes hacia una educación adecuada para el futuro.
 
De acuerdo con el estudio 50 Innovaciones Educativas en América Latina, realizado en 2016 por el Banco Interamericano de Desarrollo, las tendencias educativas están marcadas por tres factores: 1) exhiben una dimensión tecnológica central, 2) fueron impulsadas por emprendedores, startups o empresas privadas, y 3) cambian o resignifican aspectos de la educación tradicional.
 
Aquí presentamos algunas de las que tienen, o podrían tener, una repercusión en México y América Latina.
 
1. Personalización de la educación
La clave de esta tendencia está en la data. Mediante inteligencia artificial, estas plataformas pueden recabar información de los usuarios y, mediante aprendizaje, pueden conocer mejor al estudiante y ofrecerle cursos según su progreso. Sin duda, se trata de una de las tendencias más favorables para reducir problemas como la deserción escolar, que en la región es una de las más altas a nivel mundial. Según el BID, una plataforma de inteligencia artificial educativa podría recabar diariamente entre 5 y 10 millones de datos por alumno, y así construir programas educativos ultra personalizados.
 
La editorial McGraw Hills ya opera con Aleks, un sistema de evaluación y aprendizaje en línea que, por medio del análisis de las respuestas de los estudiantes, adapta las siguientes actividades del software. Actualmente cuenta con más de cuatro millones de usuarios de 800 instituciones educativas de todo el mundo, principalmente a nivel preparatoria. En México, por ejemplo, se utiliza en instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México, los cinco campus del Instituto Tecnológico de Monterrey y en diversos campus de la American School.
 
Otro caso es el del software Dreambox, que mediante el conteo de los clics de los usuarios puede medir hasta 60 parámetros, incluidos velocidad de respuesta, cantidad de errores, frecuencia de uso, etcétera. Cada hora puede recabar hasta 50,000 datos por alumno.
 
La plataforma australiana Smart Parrow fue desarrollada por un grupo de investigación en la Universidad de South Wales en Australia. A diferencia de otras plataformas, ésta se dirige a los docentes, pues les permite adaptar sus clases según las necesidades que cada alumno va presentando.

2. Educación implantada
La era cyborg podría comenzar más pronto de lo que imaginamos. El proyecto de Elon Musk, Neuralink, pretende conectar nuestros cerebros a computadoras a través de lo que la empresa llama “lazos neuronales”, de tal forma que los conocimientos pasen datos de la nube hasta nuestra mente, lo que nos ayudaría a tener conocimientos a una velocidad nunca antes vista. De hecho, casi al instante. Por ejemplo, no necesitaríamos teclear un texto en la computadora; bastaría con pensarlo para que éste se escriba en la pantalla del monitor.
 
La idea de Neuralink nació, según los fundadores, de la preocupación de que la inteligencia artificial supere las capacidades humanas de aprendizaje. Es por ello que, uniendo lo biológico con lo tecnológico, podríamos tener humanos más aptos para enfrentar los cambios del futuro laboral.
 
La idea no es del todo nueva. Ya en 2015 un grupo de científicos de Harvard había desarrollado una malla de electrodos que se despliega sobre la corteza cerebral, mediante una inyección para estimular diferentes partes del cerebro.
 
3. Genómica educativa
Luego de años de estudios se descubrió que los llamados “genes de la educación” sí existen, y que en efecto, son varios y no sólo uno, como antaño se creía. De acuerdo con un artículo publicado en The Atlantic, el investigador Daniel Benjamin realizó estudios durante cinco años. Entre 1.1 millones de europeos, descubrió que hay, al menos, 1,271 genes que afectan nuestra psicología y que están relacionados con nuestras capacidades para aprender, incluso genes a los que se les puede adjudicar una mayor predisposición a estudiar hasta grados superiores.
 
Los estudios en genética educativa ayudarían a los niños a desarrollar mayores ventajas en las escuelas, en temas como memoria, tiempo de reacción, capacidad de aprendizaje y rendimiento académico. Por otro lado, existe el temor de que descubrir estas características genéticas podría fomentar la discriminación de aquellos menos “dotados” de capacidades educativas. Por ejemplo, al momento de pedir un empleo.
 
No obstante, otras instituciones científicas creen que, de seguirse estudiando, la genética educativa podría dar mayores pistas sobre cuáles son los puntos en los que fallamos más y, entonces, tomar medidas correctivas a favor del progreso.
 
4. Gamificación
Según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo, en el mundo se destinan 3,000 millones de horas por semana a los videojuegos, y al menos 500 millones de personas les dedican una hora diaria. Bajo esta lógica, algunas empresas e instituciones han adoptado elementos “adictivos” de los videojuegos para incentivar a las personas a estudiar y continuar sus estudios. La gamificación favorece la participación de los alumnos, los motiva y los compromete con el aprendizaje.
 
Una empresa que opera bajo este concepto en México es Ncite, que ofrece prácticas profesionales a adolescentes a través del videojuego Local Heroes. De esta manera, los jóvenes pueden probarse en ámbitos profesionales y decidir qué profesión estudia más adelante. Ncite también desarrolló Sentio Play, una plataforma para que los docentes consulten métricas basadas en los resultados de los jugadores/estudiantes, y así conocer mejor sus puntos fuertes y débiles al momento de estudiar.
 
Otro caso es el de RoboCrea, que ofrece clase vespertinas para desarrollar las capacidades creativas de los niños, ayudar a desarrollar su razonamiento lógico matemático, aprender y poner en prueba las bases del proceso científico, y al manejo y resolución de conflictos, desarrollo de soluciones, selección, construcción, pruebas y evaluación de posibles soluciones, entre otros beneficios.

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