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¿Momento tecnológico de México o movimiento tecnológico? Una retrospectiva del ecosistema emprendedor tecnológico mexicano



El 10 de junio de 2021 México se adjudicó a su tercer unicornio: Clip. La fintech mexicana de pagos, que atiende a pequeñas y medianas empresas y está liderada por Adolfo Babatz, recaudó 250 millones de dólares del fondo latinoamericano de SoftBank y Viking Global Investors, logrando una valuación de 2 mil millones de dólares.

La noticia se conoció apenas cinco semanas después de que México obtuviera a su segundo unicornio: Bitso. La plataforma latinoamericana de criptomonedas recaudó una Serie C de 250 millones de dólares, lo que elevó su valuación a 2 mil 200 millones de dólares, cinco meses después de haber anunciado una Serie B récord de 62 millones de dólares, la más grande de la región para una firma de activos digitales.

A su vez, la noticia de Bitso llegó solo siete meses después de que el marketplace mexicano de autos usados, Kavak, se convirtiera en la primera startup unicornio del país ... ¡Esto nunca había pasado!

¿Por qué celebramos la existencia de estos unicornios mexicanos? Como compartió recientemente Vincent Speranza, Managing Director de Endeavor México: “No solo estamos contentos con lo que significa para nuestros Emprendedores Endeavor Carlos García, Loreanne García y Roger Laughlin (Kavak), Pablo González, Ben Peters y Daniel Vogel (Bitso) y Adolfo Babatz (Clip), sino también por el gran impacto que tendrán sus organizaciones en el país y en el ecosistema”.

Una empresa unicornio no solo trae un crecimiento económico significativo y crea empleos de alta calidad, sino que también se convierte en una fuente de inspiración para emprendedores, inversores y empleados que buscan iniciar emprendimientos propios.

El momentum del mercado privado en México es innegable, pero ¿se debe a la magia, a la casualidad o a la suerte? Nosotros argumentamos que no es por ninguna de estas razones; de hecho, creemos que ésta es la culminación de dos décadas de construcción de ecosistemas que han preparado a México y a sus emprendedores para este momento… ¿O deberíamos decir, movimiento?

Problemas de productividad

A pesar de ser el país de habla hispana más poblado del mundo y la segunda economía más grande de América Latina, detrás de Brasil, el sector tecnológico mexicano decepcionó durante mucho tiempo.

México siempre ha sido un país muy prometedor por sus ventajas geográficas únicas: puertos bulliciosos en dos océanos, abundantes recursos naturales, un sector industrial establecido, estrechos lazos comerciales y proximidad con Estados Unidos, y una población joven. Pero ha flaqueado. A pesar de tener una política monetaria y fiscal razonable, y un comercio abierto, la productividad se ha estancado, en gran parte por incentivos gubernamentales desalineados, por la falta de inversión en educación y por su naturaleza históricamente oligopólica.

De los 4.8 millones de pequeñas y medianas empresas (PyMEs) en México, la gran mayoría son microempresas (95%), definidas como aquellas que generan un máximo de 10 puestos de trabajo y que, en conjunto, emplean al 37% de la fuerza laboral del país. De estos trabajadores, alrededor del 88% son “informales” y tienden a ser menos productivos que su contraparte de “asalariados”, lo que resulta en una producción bruta que representa apenas alrededor del 11% del Producto Interno Bruto (PIB) de México.

Los trabajadores informales se definen por ser autónomos, remunerados por horas o con una participación de las ganancias, y las empresas sólo están obligadas a pagar impuestos corporativos anuales sobre estos colaboradores. Por el contrario, aquellas con empleados asalariados deben pagar, además, por el seguro social, deducir el impuesto sobre la renta y lidiar con la ley laboral, que prohíbe despedir a los empleados sin motivo. Mientras tanto, se ha demostrado que los trabajadores asalariados son mucho más productivos que los informales.

De hecho, el país tiene afianzada su posición como el país con la brecha de productividad laboral más amplia entre las PyMEs y las grandes empresas, dentro de la lista de los países de la OCDE, siendo particularmente amplia la brecha de productividad entre las pequeñas empresas de hasta 50 empleados y las grandes empresas. Todos estos factores han contribuido a que México tenga el PIB per cápita más bajo y los niveles de pobreza más altos de la OCDE.

Pero la narrativa está cambiando, en gran parte gracias al espíritu emprendedor y las importantes inversiones en el ecosistema.

En su artículo, “El crecimiento de México vendrá del emprendimiento y las pequeñas y medianas empresas”, publicado en 2012, Álvaro Rodríguez Arregui, cofundador y socio gerente de IGNIA afirmó que las grandes empresas en México han mostrado un crecimiento impresionante, pero esto no se ha traducido en un PIB más alto porque estas compañías no han aumentado el tamaño del pastel sino que han capturado una porción mayor del pastel existente.

Álvaro sostiene que a México le quedan dos opciones para impactar positivamente su PIB: crear más microempresas o incrementar el crecimiento de PyMEs. Para incrementar el PIB en un punto porcentual, el país necesitaría agregar 273 mil microempresas; a la inversa, 105 empresas medianas necesitarían crecer de medianas a grandes para lograr el mismo resultado, una propuesta más eficiente.

La primera década

En 2001, Endeavor era una organización muy conocida en América Latina. Lanzado en 1997, Endeavor se había establecido en Brasil, Chile y Argentina y estaba estrechamente vinculado a emprendedores emergentes como Marcos Galperín y Hernán Kazah de MercadoLibre y Wences Casares en Patagon. El enfoque de Endeavor de identificar aquellas empresas con el mayor potencial y ayudarlas a escalar parecía alinearse perfectamente con las deficiencias de México. Con apoyo local, Endeavor México se lanzó oficialmente en 2002.

Con las botas bien puestas en el suelo, el equipo de Endeavor México se puso a trabajar. Identificaron a los emprendedores con el mayor potencial que lideraban a las empresas de más rápido crecimiento en el país, y les ofrecieron tutoría y otros servicios para ayudarlos a escalar. Las empresas estaban principalmente en sectores tradicionales como comercio minorista y alimentos y bebidas, con modelos de negocios tradicionales. Esta selección incluía a marcas como Café Punta del Cielo, un productor y distribuidor de café gourmet, y Chilim Balam, una confitería de delicias mexicanas.

Y aunque no era fundamental para el modelo en ese momento, algunas de las primeras empresas de tecnología también fueron seleccionadas en la red Endeavor. Algunos de los nombres incluyeron a Bebemundo.com, Adam Technologies, Venta Kit, Metros Cubicos, Quarksoft y CitiVox, todas disrumpiendo en sus respectivas industrias en comercio electrónico, recursos humanos, pagos, bienes raíces, marketing y medios.

Desafortunadamente, estos emprendimientos carecían de la infraestructura tecnológica o el capital necesarios para escalar y estaban muy adelantados a su tiempo, al capital de riesgo, al talento tecnológico, a la adopción de tecnología, a la computación en la nube, al análisis de datos y a la penetración de internet y telefonía móvil en el país. Estas empresas, mártires del emprendimiento en muchos sentidos, demostraron que el ecosistema tecnológico mexicano tenía un largo camino por recorrer hasta convertirse en un semillero de innovación.

Sembrando semillas

En 2012, se lanzó en México el sitio de comercio electrónico Linio. En ese momento, el e-commerce prácticamente no existía en el país, MercadoLibre aún no era relevante para los mexicanos y Amazon no había ingresado al mercado. Al igual que con muchas de las primeras innovaciones en los mercados emergentes, Linio tuvo que integrarse verticalmente de manera efectiva para tener éxito. El equipo tenía la tarea no sólo de desarrollar su negocio principal e impulsar la adopción, sino también todas las funciones de apoyo que requerían para operar: pagos, logística, seguridad, talento y más.

Gracias a sus esfuerzos, Linio sembró las semillas de un ecosistema emprendedor próspero y estimuló un Efecto Multiplicador en la industria de comercio electrónico en el país. Los fundadores y ex empleados de Linio iniciaron al menos 66 empresas, incluidas algunas de las empresas de e-commerce más importantes de México en la actualidad, como Kavak, Luuna (ahora ZeBrands) y Urbvan. Estos fundadores aprendieron lecciones valiosas de sus años en Linio y se beneficiaron enormemente de la afluencia de talento y de la creación de la infraestructura crítica para el emprendimiento tech. Puedes leer más sobre la historia de Linio aquí.


Cofundadores de Kavak: Roger Laughlin, Carlos García y Loreanne García

Más riesgo, mayor recompensa

Ese mismo año, 2012, Vincent Speranza, entonces Director de Operaciones de Endeavor México, voló a la ciudad de Nueva York para asistir a una reunión con los líderes de las oficinas de Endeavor en todo el mundo, planeada por Linda Rottenberg, fundadora y Directora Ejecutiva de la organización. Uno por uno, los representantes presentaron actualizaciones de lo que había pasado en cada oficina. Cuando tocó el turno de Vincent, informó con orgullo que el 94% de las empresas seleccionadas por Endeavor México estaban vivas después de la selección en la red Endeavor.

Él recuerda cómo la sonrisa característica de Linda se iba desvaneciendo conforme hablaba, y ella intervino: “Es por eso que México es como es. No estás corriendo ningún riesgo". Y continuó enfáticamente: "Endeavor no se trata de empresas promedio, Endeavor se trata de las atípicas (outliers) y esas involucran a la tecnología".

No era la reacción que Vincent había anticipado. Un poco aturdido, se tomó en serio la retroalimentación. Unos meses más tarde, Vincent lanzó el “Tech Track” de Endeavor México, que comenzó como un programa paralelo al proceso de selección y que tenía como objetivo atraer a las empresas de tecnología prometedoras del país. Vincent y su equipo reinventaron todo, desde los mentores en la red hasta su programación, para atender a esta nueva audiencia.

Un outlier
En 2014, Endeavor México seleccionó oficialmente a su primer emprendedor y empresa tecnológica de esta nueva etapa: Adolfo Babatz, fundador y CEO de Clip.

Adolfo nació y se crió en México. Se graduó del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) en la Ciudad de México en 2001 y después de trabajar tanto en la banca como en consultoría, realizó un MBA en la Sloan School of Management del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Entre su primer y segundo año en el MIT, hizo una pasantía en el equipo de PayPal para América Latina, al que finalmente se unió de tiempo completo en 2008 luego de graduarse. Como tercer empleado de PayPal para LatAm, Adolfo trabajó en múltiples proyectos, incluido el establecimiento de la empresa tanto en México como en Brasil.

Después de trabajar en México por varios meses, Adolfo se dio cuenta de que existía una necesidad crítica de un producto que permitiera a las PyMEs aceptar pagos con tarjeta de crédito y débito. El equipo de PayPayl no pareció estar de acuerdo. Convencido de que este era el camino a seguir, Adolfo dejó la empresa para intentar resolver este enorme problema y así nació Clip. Adolfo fue el primer emprendedor mexicano con una verdadera mentalidad al estilo Silicon Valley, y tenía los ojos puestos en algo grande.

Una apuesta por la tecnología
Si bien Clip fue la primera compañía tecnológica oficial en unirse a las filas de Endeavor México, ciertamente no fue la única. El “Tech Track” de Endeavor ganó fuerza y seleccionó a una serie de empresas innovadoras y disruptivas. La organización jugó un papel crucial para ayudar a estas empresas a escalar al proporcionarles mentoría, una red de emprendedores como ninguna otra, acceso a nuevos mercados y talentos y, sobre todo, un aliado para los altibajos del emprendimiento.

“Soy una persona completamente cambiada, para mejor”, dice Adolfo. “Especialmente esos primeros años, 2014 y 2015, fueron fundamentales para convertirme en lo que finalmente soy, y Endeavor fue muy importante en ese proceso. Hoy soy diferente por lo que tuve que pasar en los primeros años; fue duro, cometí muchos errores, y Endeavor fue mi lugar seguro”, recuerda.


A medida que crecía el nacimiento de emprendedores tecnológicos, un servicio adicional que Endeavor necesitaba ofrecer era "Acceso a capital". En ese momento, el capital de riesgo estaba en su infancia y la mayoría de las empresas estaban respaldadas por familiares y amigos, lo que no era una receta para escalar. El equipo de Endeavor se propuso establecer relaciones con fondos locales, regionales y globales con interés en México.

Héctor Sepúlveda, fundador de Intangible, quien luego inició la firma de capital de riesgo Mountain Nazca, expresa: “Mi primera verdadera sorpresa como fundador fue ser invitado, aceptado y apoyado por Endeavor. Me mostró el valor de la meritocracia en una región donde el acceso a los recursos había sido extremadamente privilegiado. A la larga, los aprendizajes obtenidos gracias a Endeavor me motivaron a crear una empresa que proporciona un empoderamiento revolucionario a los líderes en función de sus méritos".

Como cualquier buena empresa de tecnología, Endeavor México había logrado pivotar; quedó muy claro que la tecnología era el camino del futuro y quizás la única forma en que México avanzaría tanto en su fuerza laboral, como en su economía.

Una industria de capital de riesgo incipiente

Según los titulares de hoy, el capital de riesgo está en auge en México, pero no siempre fue así. De hecho, esta industria aún es bastante joven en el país. Según datos recopilados por la Asociación Mexicana de Capital Privado (AMEXCAP), no había actividad de capital de riesgo en México en 2007.

Las cosas comenzaron a cambiar en 2008, cuando se registró un total de $102 millones de dólares de capital de riesgo, cifra que creció un 25% en 2009 para alcanzar $128 millones de dólares, antes de disminuir debido a la crisis económica mundial. El capital de riesgo en México alcanzó su punto máximo en 2014, lo que puede atribuirse a un programa creado por el Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM) que lanzó 26 fondos de capital de riesgo entre 2013 y 2014. Se lanzaron 14 fondos adicionales durante los dos años siguientes.

“Cuando levantamos nuestra primera ronda a principios de 2013, recaudamos $1.5 millones de dólares y fue un escándalo”, recuerda Adolfo. En ese momento, la gente no entendía muy bien lo que hacía la empresa, quién estaba detrás de ella o por qué alguien le daría un millón de dólares. En resumen, fue una locura. Clip recaudó una Serie B de $8 millones de dólares en 2015 y "todavía era una locura", dice Adolfo. En 2016, Clip recaudó $30 millones de General Atlantic. Cada ronda levantada por la empresa fue la ronda más alta jamás realizada para una startup tecnológica en el país. “El dinero ahora es una mercancía”, afirma Adolfo, “en ese entonces no lo era”.


El capital de riesgo en México continuó creciendo de manera constante en la segunda mitad de la década de 2010. Según AMEXCAP, las inversiones en nuevas empresas mexicanas crecieron a una tasa anual compuesta del 69% en un periodo de cinco años, entre 2014 y 2019. Tras un sólido desempeño en 2019, la actividad se disparó en 2020 en medio de la pandemia mundial, que dio lugar a importantes innovaciones y a la adopción digital en el país, particularmente en fintech y en el comercio electrónico. A lo largo de 2021, el capital de riesgo ya ha superado sus niveles de 2020, aunque un mayor capital se destina a menos acuerdos.


Fuente: Endeavor Intelligence Analysis, al 22/6/2021

Los inversionistas extranjeros se han dado cuenta de las oportunidades del mercado y están cambiando fundamentalmente el panorama al inyectar no solo capital, sino también mayor credibilidad al ecosistema. Esto realmente comenzó entre 2014 y 2015 con AMEX Ventures y Sierra Ventures invirtiendo en Clip, y se aceleró en 2017 con inversionistas como General Atlantic, Accel, a16z, Sequoia, Goldman Sachs y, más recientemente, Softbank y Greenoaks, siendo cada vez más activos e incluso liderando mega-rondas en el país. Hace unas semanas, Konfio anunció su ronda de $125 millones de dólares liderada por Softbank y Lightrock, con sede en Londres.

Estos inversionistas están siguiendo el ejemplo de firmas de capital de riesgo locales como Dalus, Mountain Nazca, Jaguar, Angel Ventures, ALLVP, Cometa, IGNIA y otras que han financiado al ecosistema durante años. Los inversionistas locales normalmente invierten en rondas iniciales y de semilla, desempeñando un papel fundamental para que las empresas despeguen y se preparen para recibir tanto capital como atención global.

A pesar de los importantes avances, la industria mexicana de capital de riesgo aún se encuentra en sus inicios. Sin embargo, con 10 años de vida útil promedio de los fondos y un periodo de tenencia de seis a ocho años, muchos fondos locales establecidos en la década del 2000 están empezando a lograr resultados demostrables.

Apenas el mes pasado, Uber anunció que adquiriría las acciones restantes de Cornershop, valuando a la compañía en $3 mil millones de dólares y marcando la primera salida significativa para el ecosistema emprendedor tecnológico. Cornershop, empresa líder en la entrega de comestibles sobre pedido en América Latina, se fundó simultáneamente en Santiago, Chile y Ciudad de México en 2015. Sus primeros inversionistas incluyen a ALLVP, que fondeó la startup con capital semilla y participó en todas sus rondas de financiamiento futuras.

Aunque terminó bien, la salida no estuvo exenta de drama. En 2018, Walmart anunció que adquiriría Cornershop por $225 millones de dólares, pero el acuerdo fue finalmente bloqueado por las autoridades antimonopolio mexicanas en junio de 2019. Solo unos meses después, Uber anunció que compraría una participación mayoritaria en la compañía por $450 millones de dólares.

La transacción inicial se finalizó a principios de 2021 y la adquisición completa se cerrará este mes de julio. Con esta salida, ALLVP completó con éxito un ciclo completo de capital de riesgo, desde la recaudación de fondos hasta la inversión y la devolución de capital a oficinas familiares, fondos de pensiones, bancos de desarrollo y a los empresarios que los respaldaron.

Un lugar bajo el sol

Aunque aún es pequeño, el club unicornio de México (y el panorama de las startups en general) está creciendo a un ritmo récord, con "soonicorns" como Jüsto esperando ser admitidos. Si bien, visto desde afuera pudiera parecer obra de la magia, el éxito de México se debe a dos décadas de construcción del ecosistema y al compromiso de tiempo y capital de los muchos interesados que han creído en la promesa del país. Como dijo Carlos García, ex ejecutivo de Linio y cofundador de Kavak: "Quiero estar dentro del ecosistema emprendedor y ser parte del cambio".

Ver a México ocupar su lugar bajo el sol es motivo de gran orgullo para muchos y probablemente el camino a seguir para la economía a la larga. El viaje, como pueden atestiguar la mayoría de los emprendedores, no ha sido fácil. Y la atención reciente tanto de los inversionistas como de los medios de comunicación no es un resultado per se; similar a alcanzar el estatus de unicornio, es solo un marcador de milla a lo largo del camino. Muchas de estas ganancias asombrosas aún no se han manifestado y el ecosistema está apenas en su primer ciclo de capital de riesgo.

¿Se mantendrán los mercados de capitales? ¿Seguirá México estando a la altura de las circunstancias, invirtiendo más en educación e infraestructura tecnológica para apoyar esta innovación? ¿Estas empresas exitosas generarán e inspirarán a otros emprendedores y estos elegirán permanecer locales? ¿Aquellos emprendedores que “lo han logrado” pagarán su éxito mentoreando e invirtiendo en la siguiente generación? ¿Se democratizará aún más la capacidad de crear valor significativo, permitiendo a los ciudadanos desde Tijuana a Cancún perseguir ambiciones emprendedoras sin importar su género, estatus socioeconómico o educación? Estos son los sellos distintivos de los ecosistemas emprendedores exitosos y duraderos. Ciertamente somos optimistas; es imperativo que el éxito del país hasta la fecha continúe generando trabajo duro y no complacencia.

Además, es importante reconocer el papel que han jugado las tendencias macroeconómicas y el impulso que ha habido. El importante apoyo monetario y fiscal como resultado de la pandemia mundial ha aumentado el apetito por el riesgo para todas las clases de activos, lo que ha llevado a que se inviertan cantidades récord de capital en la clase de activos de capital de riesgo, y a que los administradores busquen desplegarse en mercados fuera de Estados Unidos y China con mayor frecuencia. La comodidad de los inversionistas de realizar inversiones a través de Zoom ha hecho que soonicorns" como la geografía física sea un factor menos relevante. ¿Continuará esto? Veremos, pero tenemos razones para creer que así será.

En el popular podcast de NPR "How I Built This", el presentador Guy Raz pregunta a sus invitados "¿Cuánto de tu éxito lo atribuyes a la suerte o es solo trabajo duro?" Casi todos los invitados admiten que es una buena cantidad de ambos; después de todo, soonicorns" como la suerte es lo que sucede cuando la preparación se encuentra con la oportunidad. En el caso de México, ha sido el arduo trabajo y la preparación de tantos lo que ha preparado al país para aprovechar la oportunidad actual, y ha propulsado a México a la escena emprendedora global. Ahora, el país debe actuar.

A inicios de 2021, en Endeavor pronosticamos que México tendría este momento (ver la predicción #7 de esta lista). Apenas a la mitad de año, esto sin duda se ha vuelto realidad. Pero ahora está en marcha algo aún más grande; para el ecosistema emprendedor tecnológico de México, con dos décadas de desarrollo, creemos que esto es más que un momento, ¡es un movimiento!


Jackie Carmel es Managing Director de Endeavor Catalyst; se puede establecer comunión con ella a través de LinkedIn.

Un agradecimiento especial al equipo de Endeavor México, en particular a Vincent Speranza, Enrico Robles, Javier Valdez y Patricia Gameros, por sus contribuciones para este artículo.

Adolfo Babatz, fundador y CEO de Clip, levantó la primera ronda de capital de riesgo de México en 2019, con valor de $100 millones de dólares, respaldada por General Atlantic y Softbank, antes de convertirse en la tercera empresa unicornio del país. Es, además, inversionista en Endeavor Catalyst y miembro del Board de Endeavor Mexico.


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