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Los emprendedores irrumpen en el espacio


Cuando esta historia comenzó tenía únicamente dos protagonistas: la Unión Soviética y Estados Unidos. La conquista del espacio exterior era un juego de ping pong disputado sólo entre estas dos superpotencias globales, nadie más. La primera lanzó el satélite artificial Sputnik 1 en 1957. Meses después, en enero de 1958, la segunda realizó el lanzamiento del Explorer 1. Así inició la era espacial.

Durante años, la exploración y su financiamiento estuvo monopolizada por estos grandes jugadores: lanzaron decenas de satélites, enviaron a la perra Laika al espacio, realizaron el primer alunizaje, llevaron al ser humano a la órbita terrestre y a la Luna, mandaron una sonda a Venus y concretaron la primera misión conjunta con tripulación estadounidense y soviética. Parecían dueños del espacio, la carrera les pertenecía casi exclusivamente.

“Fue una batalla de naciones y de poder para demostrar quién era el líder del mundo”, dice Vincent Speranza, director general de Endeavor México. “Era muy curioso porque la conquista de otro mundo te hacía poderoso en este”.

Fueron pioneros y pusieron las bases de la exploración espacial, incluso establecieron el marco jurídico básico del derecho internacional del espacio. Pero hoy el juego ya no les pertenece. Desde hace una década, las puertas se abrieron y entraron más jugadores: gobiernos de países en desarrollo, organizaciones, universidades, empresas, inversionistas y, por supuesto, emprendedores impulsados por organizaciones como Google, la agencia espacial estadounidense NASA, Endeavor y la Agencia Espacial Europea. Ellos, en conjunto, apuestan por la democratización del espacio.

Los rostros de este movimiento son emprendedores como Elon Musk, quien en 2002 fundó su empresa SpaceX con una misión en mente: colonizar Marte. Hasta ahora, la startup ha desarrollado vehículos de lanzamiento y ha llevado astronautas a la Estación Espacial Internacional en su nave Dragon 2. Marcó un parteaguas en la historia espacial, al meterse en una conversación históricamente liderada por naciones.

Y no es el único, a la lista se suman Richard Branson, fundador de Virgin Group, y Jeff Bezos, CEO de Amazon, entre otros. “Las mentes más brillantes del emprendimiento se han sumado a la conquista del espacio, acelerando el desarrollo y la investigación en esta rama y dando inicio a la ‘década del espacio’”, destaca Speranza.


Buscan participar en la investigación, la exploración y el aprovechamiento de una industria valuada en 2019 en poco más de 423,000 millones de dólares, según la firma de análisis de mercado Statista. Los emprendedores tienen la mirada puesta en conquistar el espacio, romper paradigmas, evolucionar la movilidad y hallar soluciones a la falta de recursos en la Tierra. Todo a gran velocidad.

“Antes la industria del espacio se centraba en lo satelital, pero ahora ya hay un muy buen segmento de la industria no satelital, es decir, los lanzamientos, la exploración de la Luna y estas cuestiones. Cada vez crece mucho más, hay un crecimiento muy importante”, reconoce Carlos Mariscal, fundador de la empresa espacial mexicana Dereum Labs. “También se nota en la cantidad de empresas que se dedican al espacio y algo que está pasando y que es un factor clave es que países como Luxemburgo y Estados Unidos ya tiene sus propias regulaciones de la explotación de recursos del espacio, como minerales o asteroides. Para allá vamos a ir”.


Héctor Sepúlveda, cofundador y managing partner del fondo de inversión Mountain Nazca, identifica que el mundo se encuentra en un punto de inflexión en la industria espacial. “Entre 2007 y 2010 mandar algo al espacio costaba 70,000 dólares por kilogramo”, explica el inversionista. “Hoy han sucedido dos cosas que son muy impresionantes: se ha venido optimizando y comprimiendo lo que pueden hacer estos satélites, los tamaños y pesos de satélites se han venido reduciendo, y por otro lado la capacidad de los lanzamientos –como SpaceX– ha venido aumentando en capacidad, puedes llevar varios satélites en el mismo cohete”.

La democratización del espacio es una realidad y esto genera una explosión de la industria espacial. “Nadie se ha ni imaginado lo que viene, es brutal”, advierte el managing partner de Mountain Nazca, que en 2018 invirtió en la empresa estadounidense de la industria espacial Momentus.

Una apuesta con potencial

La misión de Luca Rossettini era convertirse en astronauta. En 2008, el italiano aplicó a un concurso para viajar al espacio y se enfrentó a 10,000 candidatos. Al final recibió una carta donde los organizadores le explicaban que lo había hecho bien, pero no lo suficiente. No se dio por vencido, sólo cambió de plan: “decidí construir mi propia nave espacial para ir al espacio”, dice.

Viajó a California para estudiar Negocios y luego trabajó en el centro de investigación NASA Ames en Mountain View, donde analizó la viabilidad económica de los satélites pequeños e innovadores frente a los clásicos, grandes y costosos. Ahí descubrió que el espacio estaba cerca de enfrentar un cambio drástico: el surgimiento de pequeños satélites y negocios espaciales comerciales.

“Eso era lo que buscaba: un mercado”, recuerda el Emprendedor Endeavor. En 2011 fundó –con sus socios Giuseppe Tussiwand, Renato Panesi y Thomas Panozzo– la scaleup D-Orbit, que ofrece soluciones para el diseño, desarrollo, lanzamiento, puesta en servicio y desmantelamiento de satélites. Su foco: la basura espacial, un problema por resolver.

“Comenzamos a construir pequeños satélites, adaptando el desmantelamiento de technology bricks en cubesats completamente redundantes y confiables”, explica Rossettini. “Y en 2016 probamos el modelo de negocio satélite en alquiler en nuestra misión D-SAT: funcionó bien. Estábamos listos para seguir adelante”.


Ser pioneros no ha sido sencillo, mucho menos ser aceptados en el círculo. El equipo de D-Orbit ha enfrentado la falta de inversión en el sector espacial, altas barreras de entrada, jugadores dominantes en el mercado, poco apoyo de instituciones e, incluso, incredulidad. “Durante una de las reuniones que tuvimos con un inversionista, él llamó a un contacto suyo en la Agencia Espacial Europea para conocer su opinión sobre nuestro negocio, escuché reír claramente a la persona al otro lado del teléfono”, recuerda el emprendedor.

No fue la única ocasión que enfrentaron este tipo de desafíos. En 2012, después de presentar una propuesta de proyecto de remoción de escombros activa, recibieron una carta en la que les sugerían que regresaran a la escuela. “Con el mismo proyecto, el año pasado nos dieron un contrato muy importante”, dice.

Para continuar con su plan, los emprendedores centraron su estrategia en tres líneas de acción: 1) Escucharon a los clientes y les brindaron las soluciones que requerían. 2) Mostraron que sus productos y servicios son confiables y están construidos con altos estándares de calidad. 3) Atrajeron a ingenieros recién graduados que demostraban ser capaces de liderar a otras personas, resistentes y motivados para realizar las cosas. “Los ingenieros jóvenes, sin experiencia industrial, nos permitieron evitar el business as usual de las grandes corporaciones espaciales: ¡no sabían que lo que se les pedía que hicieran se consideraba imposible! Y lo hicieron”.

Hoy, la scaleup tiene un equipo de 80 personas, registra crecimientos anuales de 200% y continúan siendo la primera y única empresa del mercado que ofrece transporte orbital probado, así como servicios para pequeños operadores de satélites y sistemas de desmantelamiento eficaces. “Ahora estamos listos para enviar a Florida el próximo satélite de carga, que se lanzará en diciembre de 2020”.

¿Y la industria en México?

Carlos Mariscal estudiaba ingeniería en Computación en la UNAM cuando se enteró que la NASA organizaba una competencia. ¿El reto? Construir rovers de exploración para hacer minería en la Luna. Envió un correo para pedir información, armó con otros compañeros el equipo para participar y asistieron a tres competencias con prototipos muy básicos pero funcionales.

“No queríamos que los robots se empolvaran en el laboratorio de la universidad, nos planteamos la posibilidad de hacerlo un negocio”, cuenta. En 2016, Mariscal dejó su trabajo en la industria automotriz y con su socio Cesar Serrano creó Dereum Labs, la startup mexicana que busca facilitar a las empresas la infraestructura, los servicios y los datos que necesitan para iniciar operaciones en el espacio. Ellos crean los equipos, ofrecen los servicios a las compañías y, en alianza con una empresa estadounidense, viajarán al espacio.

Con la democratización del espacio, las agencias espaciales trabajan para lograr la colonización del espacio. Su plan es que, en unas décadas, ya haya gente viviendo tanto en la Luna como en Marte. “Las personas allá van a necesitar vivir lo más parecido a como lo hace aquí en la Tierra: se va a necesitar agua, alimento, energía, comunicación y hasta entretenimiento. Esto no lo va a hacer una agencia espacial”, explica el emprendedor. “El paso lógico es que las industrias que ya son expertas en sus negocios en la Tierra sean estas mismas las que abran filiales o subsidiarias en el espacio, nuestro concepto es llevar a las empresas y habilitarlas a que puedan llevar sus negocios al espacio”.

Tienen un plan de desarrollo a 2055, año en el que esperan contar con la infraestructura suficiente en la Luna y comenzar a llegar a Marte. Su primera misión de alunizaje está programada para el 2022 y servirá para validar la tecnología con la que trabajarán y recopilar datos. “Vamos a mandar un par de robots muy chiquitos a la superficie de la Luna, más pequeños que un cubesat y apegandonos a estándares de la industria, lo que nos hacen más baratos y a parte son super ligeros. Cada uno de estos robots pesa entre uno y dos kilogramos”, detalla. “Nos estamos proponiendo que el robot vaya personalizado con marcas o brandeado y que incluso podamos regresar material fotográfico y de video involucrando a las marcas, ese es el primer modelo de negocio para hacer esta misión rentable en el corto plazo”.

Dereum Labs es la única empresa en América Latina enfocada en atender esa necesidad. Ser pioneros es una ventaja, pero también representa muchos desafíos porque, según Mariscal, no hay un role model a quien seguir, el acceso a financiamiento es complicado, faltan políticas públicas, la incertidumbre rodea siempre al proyecto y se tiene que educar tanto a clientes como a tomadores de decisiones sobre la importancia del espacio. Estas pueden ser algunas de las razones por las que los emprendedores mexicanos no exploran la industria.

Héctor Sepúlveda, de Mountain Nazca, lo sabe: en el país hay todavía poca actividad emprendedora en el sector espacial. “Clientela hay, pero una infraestructura para darle servicio al emprendimiento espacial no tenemos nada todavía”, reconoce.

Con él coincide el cofundador de Dereum Labs. “En México vamos muy lento, todavía vemos el espacio como algo muy lejano, como ciencia ficción. En general en el país hay mucho desinterés por la parte de ciencia y tecnología, el mexicano es mucho de negocios tradicionales”. La clave, destacan los especialistas, es articular los esfuerzos alrededor de este tipo de emprendimientos, apostar por la disrupción y fortalecer las inversiones a largo plazo.

Dereum Labs es la única empresa mexicana que planea ejecutar operaciones en la Luna o aprovechar los recursos espaciales. Aunque también hay otros esfuerzos dedicados a internet de las cosas basadas en nanosatélites, desarrollo de tecnología y difusión de carreras vinculadas al espacio. “La aversión al riesgo que tenemos los mexicanos nos está llevando a retrasos en estas industrias”, agrega Mariscal. “No nos importa si somos los primeros, queremos que detrás vengan muchos y que no les cueste el trabajo que nos está costando a nosotros”.


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