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La promesa del cannabis en México: riesgos, oportunidades y retos


Esta industria alcanzará cifras multimillonarias en cinco años, y México es un país fértil para ella, pues goza de un clima favorecedor y una posición geográfica y política privilegiadas. Además tiene un mercado ávido y posibilidades de producción y exportación.

Se trata de la industria del cannabis, cuya cadena de producción en México involucra a unas 500,000 personas y que genera entre 15,000 y 27,000 toneladas anuales. De hecho, se estima que el país es el segundo productor más grande de cannabis del mundo. Y, según New Frontier Data, hay más de 1.4 millones de mexicanos que consumen cannabis.

Hay mercado, emprendimiento e innovación, hay impacto social e interés de inversión. ¿Qué falta? Que se logre concretar una regulación a tono que satisfaga no solo las oportunidades sino también la deuda social para que haya una verdadera transformación.

Para estudiar las oportunidades de la industria, generar recomendaciones y fomentar el debate alrededor de este tema, Endeavor publicó en junio pasado el reporte El cannabis en México: El debate y las oportunidades para una industria emergente y realizó un evento virtual de lanzamiento con representantes clave de la industria. Ambos esfuerzos proponen que México puede convertirse en el centro de innovación de la región, encontrando el balance entre innovación, emprendimiento y la derrama económica que representa la industria.

Las siguientes líneas analizan dónde estamos y a dónde vamos, cuáles son las oportunidades de inversión e impacto social, y qué hacer para lograr esa promesa.

Una lucha que inició el siglo pasado

Antes de profundizar sobre el estatus actual de esta naciente industria, conviene entender la perspectiva histórica que nos llevó a donde nos encontramos hoy. El cannabis fue introducido a México por los conquistadores españoles, que utilizaban las fibras de cáñamo para producir textiles y cuerdas, y la planta para fines industriales, medicinales y lúdicos. Eso siguió por los siguientes 300 años.

Durante la segunda mitad del siglo XIX se difundieron noticias sobre “la violencia y la locura” que provocaba el uso de la marihuana, lo que contribuyó a su demonización y prohibición eventual. Así, en 1920 el gobierno decretó la ilegalidad de su producción y consumo.

Con el transcurso de los años hubo varios esfuerzos de regulación cannábica, tanto para eliminar la ilegalidad del consumo, cultivo y posesión del cannabis como para definir los castigos para el narcotráfico y para el cultivo o uso personal. Uno de los mayores hitos se dio en 2017 cuando se aprobaron reformas a la Ley General de Salud para permitir el uso, exportación e importación de productos de cannabis con fines médicos y científicos.

En cuanto al uso personal de adultos, en 2015 la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) falló a favor de un grupo activista que solicitó permiso de cultivar cannabis para el uso personal. No fue hasta 2018, cuando se dio jurisprudencia, que se confirmó la declaración de inconstitucionalidad de la prohibición absoluta del uso adulto. Esto significó que, mientras la prohibición oficial permaneciera en vigor, cualquier ciudadano podía solicitar un amparo para cultivar y consumir el cannabis para uso personal. Además, la Corte ordenó que el Congreso pasara una nueva legislación con el nuevo estatus jurídico del cannabis, que resultó en la Ley General para la Regulación y Control de Cannabis, actualmente en debate.

La propuesta de ley

El 19 de junio se cumplieron tres años de que se publicó la modificación a la Ley General de Salud para cambiar la perspectiva oficial sobre el cannabis pero aún no hay un reglamento y no se ha podido dar el inicio real de la industria. La fecha límite para que se emita la resolución del uso y cultivo personal del cannabis, así como su comercialización para fines terapéuticos, farmacéuticos, personales e industriales, es el 15 de diciembre de 2020, último día del periodo de sesiones del Congreso.

“Estamos con el tiempo encima. Debemos hacer esto a marchas forzadas no solo para tener una regulación apta sino una que nos ponga a la par de los socios comerciales que están más avanzados, como Estados Unidos o Canadá”, advierte Raúl Elizalde, co-CEO de HempMeds.

Algunas de las propuestas que se analizan en la propuesta de ley son:

● Creación del Instituto Mexicano del Cannabis

Estaría a cargo de crear los reglamentos y el procedimiento de monitoreo para cultivo, siembra, transporte, almacenamiento, producción, distribución, comercialización y venta del cannabis. Además, controlaría la provisión de licencias para actividades cannábicas y la revisión continua de la regulación.

● Producción para uso personal

Se limitaría a un máximo de cuatro plantas de cannabis psicoactivas por cada vivienda. La cantidad máxima permitida para la posesión individual sería 28 gramos, aunque hay quienes señalan que este límite es demasiado bajo.

● Otorgamiento de licencias

Las compañías que soliciten licencias para productos de cannabis con fines comerciales deberán cumplir con requisitos de investigación y monitoreo, además de tener un límite de 49% de participación de capital extranjero. Además, solo se podrá obtener una licencia por categoría de operación, ya sea de cultivo, transformación, venta, exportación/importación, o investigación. Sobre este último punto, cabe destacar que la propuesta es que al menos 40% de las licencias de cultivo se emitan a campesinos o ejidos afectados por la erradicación de sus cultivos.

Zara Snapp, experta en política de drogas y fundadora de la organización de investigación Instituto RIA, señala que este es uno de los puntos de mayor impacto social en la ley canábica, para que las comunidades cultivadoras, que llevan décadas sembrando, puedan ser dueños de su trabajo y aprovechar sus plantaciones.

“El mayor riesgo es que regulemos solo pensando en intereses extranjeros, con barreras tan altas que las comunidades cultivadoras queden fuera y solo puedan participar empresas canadienses que sí pueden cumplir los requisitos y hacer las inversiones necesarias”, señala. “Tenemos que crear un modelo mexicano que ayude a transitar a esas personas y comunidades hacia lo legal, incluyendo a los distribuidores. Nuestro trabajo es motivar a esas comunidades a participar y eso ya está sucediendo”.

De ahí que la experta señala que el límite de una licencia por empresa/persona se flexibilizará, pues para lograr una verdadera integración de las comunidades, éstas van a necesitar tener varias partes de la cadena de producción para tener una ventaja competitiva. Y es que el comercio mexicano del cannabis es altamente lucrativo, pero ese valor no se ve reflejado en las ganancias para los pequeños agricultores que se ubican en la base de la cadena de valor. Un kilogramo de cannabis puede venderse por más de 1,000 dólares en Estados Unidos, pero un cultivador mexicano gana entre 10 y 40 dólares por la misma cantidad de producto.

“La justicia social tiene que ser transversal para que se logre ese impacto mayor y no sea solo otra industria extractivista que genere mayor daño al país”, afirma Snapp.

● Marketing y publicidad

Está pendiente definir el límite en el contenido de THC –la sustancia psicoactiva en el cannabis– en cada producto, pero sus esfuerzos de publicidad ya están definidos. Por un lado, sus empaques deberán contener etiquetas sobre los riesgos a la salud y la promoción del cannabis psicoactivo en cualquier medio de comunicación está prohibida. También lo está la venta de mezclas de cannabis con alcohol, nicotina, tabaco, cafeína o cualquier otra sustancia “que aumente, real o potencialmente, el nivel de adicción o los efectos del cannabis psicoactivo y sus derivados”.

“No lo considero un problema. En Canadá también se han puesto restricciones al respecto y las empresas han encontrado otras formas de hacer su publicidad allá”, señala Zara Snapp, de Fundación RIA. Sin embargo, sí recomienda que las restricciones vayan en función del producto final y del usuario final. Y resalta la importancia de que haya una educación sobre el cannabis y sus alcances, sobre todo porque actualmente el CBD –abreviatura de cannabidiol, un componente natural que se encuentra en la cannabis y que no contiene psicotrópicos, es decir, no produce alucinaciones– se promueve como “la cura a todos los males”.

Oportunidades y semillas que crecen

A pesar de su ilegalidad, la industria cannábica mexicana ya está bien establecida y tiene mucho terreno para crecer. Mateo Dornier, fundador de la empresa de orgánicos Campo Vivo, señala que producir este cultivo es bastante sencillo, pues no necesita tanta tecnología y se adapta a varias partes del campo en México. Por su parte, Alberto Kuri Orozco, presidente de Procanna, asociación a favor de la legalización, destaca el potencial de México por sus factores climáticos. “El cáñamo genera mucho más lucro que la caña de azúcar y otros productos que actualmente estamos haciendo. Podríamos aprovechar los terrenos no utilizados”.

¿Cuál es su valor? Los ingresos para el cannabis medicinal en México alcanzaron 47.3 millones de dólares en 2018 y se estima que para 2028 su valor nacional sea de casi 2,000 millones de dólares, 67% atribuido al mercado médico, 33% al recreativo y menos de 0.1% al industrial, según Prohibition Partners.

México se ubica en el lugar 12 de los países con más patentes registradas, solo por debajo de China, Estados Unidos y Canadá. Y, a nivel empresarial, para octubre de 2019 había en el país 549 marcas registradas relacionadas con el cannabis. El sector farmacéutico acumulaba 122 de ellas, lo que evidencia que los emprendedores están apostando por el progreso regulatorio y las nuevas categorías de negocios, como alimentos, bebidas, belleza y cuidado personal.

En este sentido, Eric Ponce, Presidente de Grupo Promotor de la Industria del Cannabis y CEO de ICAN Latam, empresa dedicada a generar infraestructura, información y educación del cannabis en Latinoamérica, señala que hay dos formas de visualizar las oportunidades que representa el cannabis: tocando la planta y no tocando la planta. A su consideración, la mejor forma de entrar a la industria mientras se arregla su estatus legal es no tocando la planta. Algunos ejemplos de estas actividades son todos los servicios alrededor del cannabis: la cadena de custodia, tecnologías de la información, de trazabilidad, los expedientes clínicos, la farmacovigilancia, el seguimiento farmacéutico, la nanotecnología, la potencialidad de los cannabinoides. También menciona los temas éticos, de consultoría de business development, la parte regulatoria, legal, de marketing y los fondos de inversión, como The Happy Capital Fund y Yaax Capital, que ya están distribuyendo capital. “Es impresionante todo lo que está surgiendo y aún queda mucho espacio para innovar”, afirma.

Sin duda, la investigación también es muy relevante y se debe empujar a nivel país para eventualmente, generar la cooperación regional de investigación científica. Otra categoría prometedora que destaca Ponce, y que va de la mano de la investigación, es la industrial, con innovaciones como el concreto a base de cáñamo o el plástico a base de cáñamo. Esta categoría incluso podría tener una influencia transformativa en las comunidades rurales y producir grandes ganancias para el mercado mexicano. “Hay tres básicos para participar en esta industria: tener un espíritu de emprendimiento, cierto amor y respeto por la planta, y pasión alrededor del impacto que podría tener la planta, tocada y no tocada”.


Pendientes para despegar la industria

Como sector incipiente con un mercado potencial enorme, la industria cannábica está repleta de oportunidades pero hasta que no haya una resolución legal, ésta seguirá ocupando una zona gris en México. Aun así, el interés en su consumo y el movimiento de empresas va al alza, algo que podría representar un riesgo, a decir de Erick Ponce. “Hay un mercado negro donde no hay control de calidad ni acreditación legal. Se están sumando actores de los cuales desconocemos su interés, origen y motivaciones, además de que hay mucha desinformación. Estamos esperando y empujando pero ya está el mercado aquí, aunque es negro, no controlado y sin trazabilidad”, advierte.

“La prohibición no ha hecho nada sino daño en México”, enfatiza Zara Snapp, quien coincide que es necesario que la ley garantice que los consumidores tengan acceso seguro al cannabis para que no tengan que recurrir a un mercado ilegal, como sucede actualmente. Pero no se trata solo de poner las reglas claras. Raúl Elizalde, quien fue la primera persona en obtener un amparo para importar cannabidol a México en 2015, resalta los riesgos de que haya una sobrerregulación. “Tenemos que empezar con una regulación accesible para las personas, los empresarios y los emprendedores, que los ayude y no los perjudique”. El empresario también se dice preocupado por que no haya distinción entre los productos de marihuana y de cáñamo, algo que debería de ser de facto para que la legislación pueda ser realmente aplicable. Así, advierte que las leyes deberían basarse en tres mercados: el del cáñamo, el de la marihuana medicinal y el de la marihuana recreativa. Y es que según explica, para los suplementos de CBD ya existe una legislación, así como para los alimentos de cáñamo, los textiles, y cualquier producto de cáñamo no psicotrópico, es decir, sin THC. “La siembra de cáñamo no puede tener la misma regulación que la de marihuana. Esta industria es la que puede hacer al país entrar en competencia real”.

Lo mismo sucede con los productos medicinales, aunque hacen falta los lineamientos para la siembra y la materia prima. Donde sí hay que hacer una nueva ley, que no esté sobre regulada, es para el uso recreativo de la marihuana. “Ahí es donde deben de poner su atención los órganos reguladores para crear una ley que funcione”, puntualiza. Sin duda otro de los grandes temas a discutir es el impacto de la legalización del cannabis en el crimen organizado. Los expertos coinciden en que es probable que la regulación reduzca los ingresos provenientes del comercio de cannabis para los cárteles, aunque esta caída no se correlaciona necesariamente con la reducción de la violencia.

Recomendaciones finales

La regulación de la industria mexicana del cannabis es inminente; acelerará la transformación económica y social y provocará el surgimiento de oportunidades de emprendimiento, lo que representará una herramienta para el progreso del país.

Para que esta promesa sea una realidad, los actores del sector mexicano del cannabis hacen estas recomendaciones, reunidas por Endeavor:

1. Dejar que los pequeños productores obtengan licencias para operar negocios de cannabis verticalmente integrados.

2. Dirigir una porción de los ingresos tributarios del cannabis a un fondo dedicado a programas sociales para sectores vulnerables.

3. Mantener bajos los impuestos de la industria regulada de cannabis para promover la transición de los consumidores y negocios del mercado ilegal al legal. Conforme madure el mercado, aumentar los impuestos.

4. Crear una campaña desde el gobierno con el objetivo de limpiar y preparar los terrenos no utilizados para la cultivación del cannabis.

5. Financiar la investigación sobre la eficacia del cannabis con fines médicos y los potenciales efectos dañinos.

6. Educar al público sobre los riesgos del uso de drogas.

7. Publicar reglamentos claros para los inversionistas que están considerando invertir en negocios legales de cannabis.

8. Promover la producción del cannabis industrial para posicionar a México como líder global de la exportación del cultivo y sus derivados.

9. Conceder amnistía a los presos por delitos menores de drogas y crear programas sociales para facilitar su reintegración en la sociedad.

Para conocer más, descarga el reporte completo aquí.


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